Alma Vieja
En cada respiración, en cada parpadeo, en cada asombrada mirada a mi alrededor, te amo, sin posibilidad de redención.
Aquí estamos de nuevo, comenzando otra aventura, deseando que sea la última porque ni tú ni yo podemos más. El tiempo transcurre y con él la vida e irremediablemente cada vez queda menos.
Cambiamos la casa en la que vivíamos por el que es ahora nuestro hogar el 18 de septiembre. Hace exactamente un mes.
Dejamos atrás la asfixiante y demoledora guarida del mal, por fin.
Hubo muchos momentos en los que pensé que no lo conseguiríamos, no veía más allá del final del túnel, soportando una brutal e inhumana presión. Llegué exhausta, vencida. Pero llegué. Y estoy recuperándome.
Tengo muy claro que no sé qué pecados he cometido en esta o en otras vidas que me han llevado por esta tragicómica tortura, que solo puede comprender quien sea su autor.
La otra noche se me ocurrió que tal vez imagine una historia en la que cuadre todo este dolor. Y la escriba y la publique aquí. Porque sí, porque ahora puedo, porque tengo el tiempo que ya no me quedaba, la estabilidad que me fue extirpada, la tranquilidad que me fue arrebatada.
Mira que si resulta que puedo volver a ser, de alguna manera, feliz. Tendría su gracia.

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