Arepo y el Dios de las pequeñas cosas
Arepo construyó un humilde templo en su campo, unas pocas piedras desordenadas en el suelo. No esperaba nada, pero sin él saberlo, esa misma noche se instaló un Dios. A la semana siguiente, Arepo pasó delante del templo, cogió algunas de las piedras y las apiló formando un pequeño altar, y sobre él, quemó dos tallos de trigo. - Sería bueno que este templo lo habitara el Dios de la Cosecha y que este año fuera abundante, dijo Arepo. Miró la ceniza del trigo sobre el pequeño altar, carraspeó, se quitó el sombrero de paja, se rascó la cabeza y dijo, pensando que le hablaba a algún Dios imaginario, - Sé que no es mucho, en realidad es muy poco, porque muy poco es lo que tengo, pero haré lo que pueda. Me siento bien pensando que existe un Dios que cuida de mi. Al día siguiente dejó en el altar un par de higos y se sentó junto al templo a orar, y al siguiente día, le ofreció a su Dios un racimo de uvas. Mientras meditaba acerca de lo agradable que era creer q...